Transformarán su casa en un merendero, y sueñan con cambiarle la cara al barrio

Deben dejar su casa en Cinco Saltos para mudarse a una nueva, y en lugar de venderla decidieron convertirla en un hogar que dará la merienda a más de 50 chicos todos los días. “Queremos ayudar a la gente del barrio a salir adelante”.

Juan Amaya frente a su vivienda, que pronto será un merendero para 50 chicos. Foto: El Confidente Neuquén

Ya comenzaron con el remodelado, y vecinos de toda la ciudad se pusieron a disposición. Es que, desde que se corrió la noticia en el barrio, la ola de elogios y de solidaridad fue imparable. La historia es la de Juan y Karen, padres de 5 hijos, que deberán dejar el hogar en el que viven hace más de 7 años para mudarse a su nueva vivienda. Allí donde pudo haber una oportunidad para obtener algo de dinero extra, ellos cambiaron totalmente la perspectiva para llevar adelante un proyecto solidario con el que, dicen, sueñan cambiarle la cara al barrio.

Juan y Karen llevan 7 años en pareja, y 1 año de casados

El lugar se ubica sobre una calle cuyo nombre no aparece en el mapa, en el barrio Galpón los 14, una toma en lo más alejado de la ciudad de Cinco Saltos. Allí vivían, hasta ahora, Juan Amaya y Karen Zuñiga junto a sus 5 hijos desde hace 7 años. La construcción de la vivienda no es de lo más sofisticado, pues apenas cuenta con las estructuras básicas, hechas con madera, chapas y algunas aberturas por donde se filtra algo de luz durante el día. Pronto, más de 50 chicos irán todos los días a tomar su merienda.

“Está medio complicado. Hay mucha droga acá”, dice frente al micrófono de El confidente con total sinceridad Juan, este joven boxeador retirado de 32 años al que un desprendimiento de retina le impidió seguir peleando. “Queremos ayudar a la gente del barrio a salir adelante”.

Juan Amaya junto a algunos vecinos del barrio. Foto: El Confidente Neuquén.

Movidos por esta lucha, él y su mujer pusieron en marcha el plan que, antes de consultarse mutuamente, ambos tenían en mente. Resulta increíble, pero cuando Karen le confesó su propósito con la vivienda en la que criaron a sus hijos, Juan le respondió, en medio de un alud de emoción, que tenía pensado hacer lo mismo: no venderla, transformarla para ayudar a la gente.

“Cuando la Municipalidad nos llamó y nos dijo que habíamos salido sorteados –les adjudicaron una vivienda nueva-, mi mujer me dijo que eran muchas cosas buenas las que nos habían pasado en tan poco tiempo, que no la vendiéramos y que sigamos ayudando. Yo ni siquiera lo pensé, tenía en mente hacer lo mismo pero no me animaba a decirle”. Desde esa vez, hace un mes, los trabajos comenzaron casi instantáneamente.

De manera mágica, el efecto multiplicador empezó a actuar por sí mismo. Vecinos de toda la zona se contactaron por la difusión que tomó la causa con el boca a boca, y ofrecieron ayuda de todo tipo. La propia Municipalidad se comunicó para ofrecer donar las cocinas y otros insumos.

Ahora, si todo sale como lo planeado, en un mes estarán abriendo el merendero “La hora feliz y nueva vida”. Allí estarán, en un primer momento, los días lunes, miércoles y viernes dando la merienda, también en principio, a 50 chicos. Su idea, confiesa Juan, es poder ampliar ese cupo y extender la grilla de lunes a viernes.

Aún continúan abiertos a recibir cualquier tipo de colaboración que facilite la tarea de poner en marcha cuanto antes el proyecto. Para eso, quienes estén dispuestos a ayudar, pueden comunicarse al (029) 15 4716499.

Casi inesperadamente, esta joven pareja llena de sueños terminó protagonizando una revuelta solidaria con su iniciativa que envuelve una visión optimista de las cosas: la de cambiar de verdad, la de hacer la vida de los demás un poco mejor.

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